MIRADA REGIONAL

Valparaíso: Entregan Pensión De Gracia A Mujer Que Nació Con Malformación Debido Al Consumo Fetal De Talidomida

“Mi infancia fue terrible, porque años atrás la discapacidad no era como ahora. Una tenía que esconderse y no podías hacer muchas cosas que los demás hacían porque no eras integrada. Por ejemplo, a ti no te invitaban a un cumpleaños porque eras la rara, la distinta. Todo eso a una la fue marcando”. Así recuerda, Amelia Purísima Del Carmen Paredes Santibáñez, sus primeros pasos en la vida, trauma que la dejó marcada para siempre.

 

A su madre -, estando embarazada de Amelia, hace 56 años – le fue administrado un medicamento llamado “Talidomida”, fármaco que en esa época se le suministraba a las mujeres gestantes para contrarrestar los vómitos y náuseas. ¿El problema?: el medicamento estaba prohibido en Europa y otros países porque generaba riesgosas contraindicaciones a los bebés al nacer. Esto lo vivió Amelia en carne propia: nació con una malformación en su mano izquierda.

“Estaba prohibido en muchos países, pero acá se les seguía dando a las personas de clase media baja, porque mi mamá se atendía en el hospital”, señala con tristeza la mujer.

La discriminación no paró en la infancia. Al salir del liceo le fue muy difícil encontrar trabajo debido a su condición de salud. “El problema era la discriminación, porque yo me podía presentar a un trabajo, pero decían ‘le falta una mano, ¿cómo va a hacer las cosas?’. Entonces al final yo fui aprendiendo a vivir sola. Yo, por ejemplo, aprendí a hacer pasteles, a tejer y de eso viví toda mi adolescencia, porque tampoco estudié más porque en el liceo que yo iba era la rara”.

Pero años después, conoció a la Fundación Vitachi (Víctimas de la Talidomida en Chile), organización que no solo la ayudó a superar emocionalmente la discriminación sufrida desde pequeña, sino que también le ayudó a gestionar apoyos de los servicios públicos, como compensación por la administración fetal de un fármaco que le provocó esta condición. Así recibió primero una pensión solidaria, por una invalidez del 50% declarada por el Compin, y hoy, una Pensión de Gracia entregada por el Ministerio del Interior y Seguridad Pública, a manos del Gobernador de la Provincia de ValparaísoGonzalo Le Dantec.

La autoridad provincial detalló que la Pensión de Gracia consta de una entrega mensual y vitalicia de $194.164 pesos, recursos que sumados a la pensión por invalidez de la mujer y a los ingresos esporádicos que logra por trabajos como asistente de cocina más los de su marido, le permitirán vivir con dignidad, solventando sus gastos y los de su familia. Esto, porque además de la malformación antes señalada, Amelia sufre de hipertensión arterial y artrosis de ambas rodillas, mientras que su esposo Dámaso presenta diabetes, lo que le generó la pérdida de visión en el ojo izquierdo de un 77%, condiciones de salud que les generan gastos permanentes.

“Nos genera una gran alegría entregar esta Pensión de Gracia que el Presidente Sebastián Piñera definió atendida a las condiciones particulares de la señora Amelia. Una señora que reúne todas las características y condiciones para poder ser beneficiaria de esta pensión, porque ella durante toda su vida ha sufrido una enfermedad muy compleja, a causa de situaciones que no tuvieron que ver con ella, y eso le generó necesidades en su familia, las que son muy atendibles”, señaló Le Dantec.

“Estamos muy contentos de haber podido responder con esta pensión – agregó el gobernador -, una pensión que se merece, que apoyará a toda su familia y que va a permitirle a ella poder llevar una mejor vida de aquí hasta el final, porque es una pensión vitalicia”.

Amelia, además de agradecer la entrega de la pensión, hizo un llamado a quienes sufrieron la misma condición que ella, a que “hay que vencer el miedo. La gente de la edad mía viene con el temor de lo que vivió. Por ejemplo, los niños con síndrome de down en mi época se escondían, las mamás los ocultaban. Y era lo mismo con los discapacitados. Yo viví porque quise hacerlo, me frustré, no quise estudiar, pero me dije ‘no puede ser, no puedo estar encerrada sin hacer nada… esto no me la puede ganar, hay gente que está peor que yo’ y luché y gracias a Dios, me casé, tengo mis cuatro hijos, de los cuales ya tres son profesionales, y ahora me dedico a la banquetearía, pastelería y repostería”.

 

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